martes, 27 de diciembre de 2016

Periodistas en la UVI, ahora pública

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
La Asociación de la Prensa de Madrid -APM-, a la que me honro en pertenecer, tenía hasta hace unos meses un anacrónico seguro médico (de 1973) pseudo-privado-público, los mismos médicos que eran públicos y agobiados por la mañana se presentaban privados y más calmados por la tarde, y este seguro era el principal atractivo del gremio madrileño para asociarse, daba un cierto aire de trato privilegiado en una profesión no muy prestigiada.
Hacía sentirse al periodista siquiera en los ratos de consulta similar a como imaginamos que deben sentirse los ingenieros de minas o los notarios incluso los fines de semana: encantados de haberse conocido.
La Comunidad de Madrid se cansó de pagar parte del asunto, desapareció el seguro médico, no bajaron las elevadas cuotas en proporción pero como consecuencia sobresale más lo que hace la APM al margen de los resfriados, porque edita buenas publicaciones entre las que destaca su Informe Anual de la Profesión Periodística, una radiografía anual siempre de interés.
Entre paréntesis digamos que en el último año se han dado de baja 1.200 miembros de la Asociación (el 17%), que tenían una conexión exclusivamente sanitaria con el colegio profesional.
Para provocar la atención digamos que el Anuario tiene contenido para toda persona interesada en la comunicación; y que si es cierto aquello de que los mineros bajaban canarios al pozo para que les avisara de algún gas mortal, que en las viñas colocan rosales que alertan con antelación de algún hongo asesino, haciendo un símil la salud laboral de los periodistas es una referencia sobre la información que circula por redes y medios.
“El periodismo no va a cambiar; ya ha cambiado”, afirmaba a mediados de diciembre el autor del informe, Luis Palacio, en frase corta y contundente propia de los buenos comunicadores.
Aunque los principios profesionales se mantengan, afirma la APM sin especificar cuáles son, lo demás se ha modificado: las herramientas, los soportes de la información, las vías por las que ésta se distribuye o los condicionantes económicos, sociales y políticos de las empresas de comunicación.
Los efectos del cambio se pueden traducir en que la precariedad laboral se ha instalado, el paro ha crecido un 75% con la crisis y las empresas -especialmente las de prensa escrita- siguen sin tocar suelo en un descenso de ventas e ingresos que parece no tener fin.
El cambio se ha producido, aunque se sigue sin saber hacia dónde marchamos.
El Anuario se apoya en una encuesta profesional realizada en colaboración con la Federación de Asociaciones de la Prensa de España y los colegios profesionales de Cataluña (se deduce que no integrados en la FAPE). De ahí proceden las preocupaciones de los profesionales: el paro como principal problema (52% de las respuestas), seguida de una retribución escasa (16%) y la falta de independencia política o económica de los medios (12%).
Un doble dato de interés recogido en el informe es que dos tercios de los graduados en Periodismo son mujeres y dos tercios de los parados también. La profesión y el desempleo se feminizan.
En cuanto a la industria, la televisión representa ya el 58% de los ingresos de los medios, crece la inversión publicitaria también en internet, continúa bajando en los medios impresos y se estanca la de la radio.
Señalan el informe y sus cocineros "el desplazamiento de los recursos publicitarios hacia el entretenimiento"; y se podría añadir como parte del mismo fenómeno la información como entretenimiento, el infoespectáculo que nos entretiene las noches de los fines de semana y cuando se produce algún atentado terrorista.
Algunas pistas certifican tendencias como el incremento de los autónomos, que en una proporción no menor son falsos autónomos, pues un tercio del total trabaja sólo para una empresa; el incremento del auto empleo como salida solitaria; y la aparición de nuevos proyectos aprovechando la facilidad tecnológica.
Existe una relación directa entre el cada vez más numeroso periodista autónomo y un salario más bajo que el del profesional contratado por una empresa.
Lo digital se va imponiendo en las redacciones, que se siguen llenando de becarios, la mitad sin cobrar, la mitad sin tutor.
Por lo que afecta a quien firma esta columna, que ha trabajado tanto en medios como en comunicación corporativa e institucional, como muchos otros, existe la opinión mayoritaria -entre periodistas y comunicadores- de que la profesión es la misma, y esto es una evolución positiva, se van difuminando trincheras, torres de marfil y supuesta pureza o contaminación dependiendo no de qué haga cada uno, que sería lo normal, sino de dónde lo hace. La lógica dice que la demanda de empleo en gabinetes de comunicación crecerá muy por encima de las plantillas de los medios.
La certificación de los cambios a peor en condiciones laborales del periodista está en el informe y en las palabras de la presidenta de la APM, Victoria Prego, que prevé la continuidad de "la cada vez más baja retribución por su trabajo, lo cual redunda directamente en la pérdida de su libertad y en parte también de su independencia, con las desastrosas consecuencias que para el ejercicio de la libertad de información y el respeto al derecho ciudadano a ser informado tiene y para la salud de una sociedad que pretenda llamarse, y ser, realmente democrática". Tremenda frase pronunciada por uno de los principales notarios de la Transición.
Como uno se autoimpone ser optimista, o al menos pesimista combativo, de la evolución del periodismo madrileño asociado podemos concluir que el enfermo continúa grave, aunque al menos ahora es atendido en las Urgencias sanitarias públicas como el resto de la sociedad, lo que sin duda supone un acercamiento entre lo que le ocurre a la mayoría de la población y el encargado de contarlo.
La APM vende el informe en PDF a 10 euros, lo que no estoy seguro de que sea una buena idea.

Sugerencias


martes, 20 de diciembre de 2016

Nuestros valores amenazados

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Las imágenes reproducen obras del artista italiano Maurizio Cattelan.
Algunos colectivos que se han dedicado históricamente a poner por escrito sus principios teóricos -que no los prácticos-, como los católicos, los militares, los Boy Scouts, consideran que el resto de la población no los tiene.
El servicio público, el patriotismo, el compromiso, la lealtad, se pueden defender al volante de un carro de combate Leopardo, de un autobús urbano o de un despacho de lotería.
La cooperación al desarrollo puede tener detrás una confesión religiosa o no, no es relevante.
Pero la capacidad de expresar y fijar lo que se piensa siempre importa. Es decir, quien organiza por escrito su pensamiento aparenta una mayor solidez; y además te puede dar con el catecismo en la cabeza.
Todo hijo de vecino tiene sus principios y valores, que nos pueden provocar más o menos respeto dependiendo principalmente de su cuenta corriente. A igualdad de wahhabismo, entre un exmiembro de los GAL radicalizado, un inmigrante marroquí radicalizado y un millonario saudí radicalizado residente en Marbella nadie defenderá que los atiende con el mismo respeto.
De forma bastante casual van saliendo conclusiones.
Ahora bien, lo importante no es tener muchos valores, sino tener una escala de valores que los priorice en caso de que entren en conflicto, como defiende un catedrático de filosofía llamado Gabilondo, actualmente representando al PSOE en la Asamblea de Madrid.
En seguida hablando de terrorismo nos ponemos campanudos y afirmamos que quieren atacar nuestros valores y nuestra forma de vida, sin especificar mucho porque el detalle no es posible. La razón aquí dinamita el supuesto ataque, los terroristas tienen objetivos políticos, la moral es secundaria.
La expresión nuestros valores no aguanta una concreción, mejor que permanezca indefinida. Nuestros valores y también las reformas estructurales que España necesita no necesitan concretarse, "tú ya me entiendes", y el prudente prefiere no preguntar.
La civilización es exactamente la progresión cultural, económica, tecnológica con la que nos identificamos, que incluye en nuestro caso la Grecia clásica pero no Bizancio, su continuación natural. Al mundo árabe-islámico le concedemos, como mucho, la función de puente medieval de traducción del saber clásico, y ya es bastante. Podría decirse que la historia que interesa es la de mi ombligo.
Los valores que consideremos universalmente defendibles no pueden ser los nuestros, eso sería imponerlos al resto del planeta, serán los que podamos compartir toda la especie.
Una aproximación bastante decente a eso que señalamos como valores universales sería la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada en 1948. El terrorismo no atacaría mis valores, sino la citada Declaración y el Código Penal.
La Organización Internacional de Normalización (ISO) acaba de publicar la primera norma mundial contra el soborno y la corrupción: ISO 37001. Pues bien, la norma ISO en cuanto a valores compartidos la establece Naciones Unidas.
Todo lo anterior se complica si tenemos en cuenta la dificultad de comprender los esquemas mentales a lo largo del tiempo, los de hoy no son los de los años treinta del siglo XX, los de las guerras carlistas del siglo XIX, ni los del VII ni los del siglo V antes de Cristo; y cambian también en el espacio, los valores suelen encerrarse en fronteras nacionales y mentales, no se aplican por ejemplo en política exterior, y sería imprescindible conocer el suelo sobre el que se sitúan los esquemas mentales y los valores, sea España, Corea del Norte o los pasillos de hotel donde las camareras cobran lo que cobran mientras huyen de los directores del FMI en celo.
Y de todo lo dicho recopilemos lo que podríamos llamar un decálogo de principios para quien no milite en ninguna secta establecida o tenga la intención de crearla:
1. Quien organiza por escrito su pensamiento aparenta mayor consistencia.
2. El peso de los valores se ve influido por el clasismo.
3. La acumulación de valores no añade mérito, sino cómo se organizan entre ellos.
4. La expresión nuestros valores debe permanecer indefinida, porque igual el vecino tiene otros.
5. La historia de la civilización es exactamente lo que ha llevado a que yo me llame Carlos Penedo (sustituir cada uno por su nombre).
6. Los valores defendibles universalmente deben ser universales.
7. Los miembros de mi entorno cultural son individuos con conciencia propia, los otros se comportan como un solo bloque, algo animalizados.
8. No todo el planeta comparte mis esquemas mentales.
9. Mi grupo cultural no tiene hoy los mismos esquemas mentales que hace cinco siglos.
10. No existe grillo que pese medio kilo más que otro.
Con menos se han fundado algunas religiones.

Sugerencias

El Roto en El País de 28-12-2016.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Nacionalismo empresarial

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.


Uno se alegra como si fuera a heredar parte de que Zara tenga ya 181 tiendas en China y Amancio Ortega a título particular compre la esquina más valiosa de Manhattan o Londres.
El país de origen de empresarios de éxito recibe beneficios directos, en forma de repatriación de beneficios y algo de empleo, o más indirectos como ser sede de los procesos de mayor valor añadido, que no suele generar mucho empleo. En el mejor de los casos el empresario dona una resonancia magnética al hospital de su pueblo.
A partir de aquí todo son peros.
Dos tercios del negocio de las empresas cotizadas del Ibex procede del exterior.
La imaginación fiscal de los futbolistas y del PP amnistiando evasores muestra que impuestos, empresas y nación son términos flexibles dependientes de la rentabilidad, a menudo incompatibles.
Resulta curioso que en el espacio con mayor concentración por metro cuadrado de nacionalismo e identidad local, que es un estadio de fútbol, los actores tengan tan poco apego a la patria fiscal donde juegan, a su país de origen y a cualquier otro en busca de lejanos paraísos diminutos donde esconden sus millones.
Mientras no se unan lo que uno repite en misa y lo que hace al salir con sus dineros algo no va a acabar de funcionar.
La auténtica globalización se ha quedado en las finanzas, que saltan fronteras como una liebre, aunque no hay que descartar que fuera ésa la idea primera, lo que nos llega al común son efectos secundarios.
Todo esto viene a cuento de la reciente difusión por parte del think tank sueco SIPRI del listado de las cien primeras empresas productoras de armas del mundo.
Nada radicalmente nuevo, Lockheed Martin se mantiene como líder planetario, seguida de Boeing, ambas con sede norteamericana como las diez primeras a excepción de BAE System (tercera, sede en Reino Unido), Airbus en séptimo lugar (consorcio europeo) y Finmeccanica en noveno (sede en Italia); el undécimo puesto es para Thales, sede en Francia.
Destacan los emisores del asunto que van apareciendo en EEUU nuevas empresas distintas a las clásicas, que a seis empresas del Top 100 con sede en Francia les ha ido muy bien en el último año (contratos potentes con países árabes) al igual que a tres empresas con
sede en Alemania.
Además de Rusia, empresas de países emergentes, como Corea del Sur, India y Turquía, van ganando espacio en este listado.
Identificar automáticamente empresas con países resulta arriesgado, salvo que sean 100% públicas.
Entre los primeros fabricantes de armas del mundo no aparece ninguna empresa española, han desparecido del club la pública Navantia o la privada Indra -con el Estado como accionista principal- que sí estaban en años anteriores, lo que no implica necesariamente una depresión industrial nacional, España vende cada vez con mayor éxito aviones de transporte y de reabastecimiento fabricados en factorías hispanas de Airbus.
Si la industria tecnológica de seguridad y defensa es una capacidad militar más, como reza el tópico, si un país es militarmente más fuerte con una industria militar potente, la próxima venta por la española Sener de su mayoría en ITP, fabricante mundial de motores de aviación militar y civil, a la británica Rolls Royce, sería una mala noticia para la defensa del país.
Otro tema asociado, digno de ser analizado en un seminario veraniego en Jaca, por ejemplo, es que ITP, como Indra y muchas otras, han crecido al calor de programas públicos de armamento y han recibido todo el cariño gubernamental en su crecimiento -financiación a coste cero, generosos apoyos bajo la etiqueta I+D-, mientras que toman sus decisiones autónomas en edad adulta. Quizá debieran ser obligadas a comprar una resonancia magnética para los hospitales más cercanos al pueblo de origen de los miembros de su consejo de administración.
Viendo el nacionalismo interesado e intermitente de la mayor parte de las empresas, qué difícil lo deben tener en el Centro Nacional de Inteligencia, con su departamento de inteligencia económica, a la hora de apoyar de alguna manera a una empresa española.
Una empresa automovilística de origen rumano (Dacia), que hoy pertenece a un grupo francés (Renault), cuenta desde 2012 con una fábrica en Tánger (Marruecos) donde montan coches con motores fabricados en Valladolid (España).
¿Qué hace el CNI con todo esto? Sólo se me ocurre que trabajar conjuntamente con la inteligencia francesa, rumana y marroquí en contra de los intereses de un quinto.
Nacionalismo y empresa son entes abstractos que pertenecen a universos paralelos.

Sugerencias


martes, 6 de diciembre de 2016

Leyendo la imagen de una yihadista

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Foto de la detención de una sospechosa de yihadismo en Gandía,
firmada por EFE y publicada por El País el 27-11-2016 y el 5-9-2015.
Un juez de la Audiencia Nacional acaba de dictar auto de procesamiento contra una joven marroquí de 19 años presuntamente yihadista por integración en organización terrorista, con un comportamiento radical en redes sociales, el deseo de unirse al Dáesh (Estado Islámico) y la voluntad de viajar a Oriente Próximo, figuras delictivas amparadas tras la última reforma del Código Penal que castiga intenciones, dada la peligrosidad de esta gente si llega a cumplirlas.
Nada que objetar a lo anterior porque no es el objetivo de esta columna, más allá de apuntar que el magistrado ha tardado un año en elaborar el auto.
Lo que sigue es un intento de análisis de la imagen que ha acompañado la información, que los medios han repescado del momento de la detención en septiembre de 2015 en Gandía (Valencia).
En la fotografía aparecen nada menos que once guardias civiles rodeando a la detenida en una acera se supone cercana al domicilio, ocho de ellos visten uniforme oscuro que parece pertenecer al Grupo de Acción Rápida, la unidad antiterrorista del Cuerpo; presentes también otros tres agentes con la cara cubierta, de paisano y un chaleco amarillo reflectante que les identifica, no está claro ante quién, quizá ante sus compañeros.
El vestuario diferente de los agentes que intervienen revela distintas funciones, de intervención los de uniforme de campaña y botas y de investigación los de paisano, que se tapan para que no sean reconocidos por futuros investigados, temor que no tienen los obligados a utilizar con mayor frecuencia la fuerza física; quizá los del chaleco de alta visibilidad sean los mandos del resto.
Una guardia civil del hipotético segundo grupo, con un verdugo que únicamente deja libres los ojos, es la más cercana a la detenida. Ambas ocupan el centro de la imagen, dos mujeres, una el mal y otra el bien, la vista y nuestra esperanza se va hacia el amarillo chillón de la guardia civil.
La procesada vista de negro de los pies a la cabeza, parece llevar un niqab, prenda relacionada con el extremismo religioso saudí, que la lógica dice que uno se pone al salir a la calle, no en tu propio domicilio, por lo que los agentes permitieron vestirse de esta manera a la susodicha. Aquí surge la duda de si uno al ser detenido puede elegir el vestuario para salir de casa, por tenerlo previsto.
La joven está esposada, con grilletes metálicos en las muñecas a la altura de la cintura, es la única parte de su piel al aire que además contrasta con el negro de la túnica. Por la ficción televisiva uno está acostumbrado a que las fuerzas del orden inmovilizan al sujeto sospechoso y peligroso con las manos en la espalda y con bridas de plástico.
Finalmente, las fotografías publicadas en los medios de comunicación están firmadas por EFE, no por la Guardia Civil o el Ministerio del Interior como sucede en otras ocasiones en las que los propios agentes graban sus actuaciones e incluyen una marca, con lo que la conclusión es que los medios de comunicación fueron avisados de la operación en marcha o al menos la agencia de noticias del Estado.
El grupo además va caminando hacia el fotógrafo, por lo que la imagen es autorizada, saben que están siendo fotografiados, porque algunos desvían la mirada de la cámara.
En el fondo de las imágenes aparecen vecinos observando la escena, quizá desalojados del inmueble o vecinos curiosos o impedidos temporalmente de entrar en su domicilio o circular por el vecindario.
La fotografía tiene algo de irreal, de composición, Gandía y las personas que aparecen son secundarios. La imagen cuenta en un instante la actuación del Estado con amplitud de medios contra el terror, que no tiene cara, es un bulto negro y amenazante.
Con Joan Fontcuberta, premio nacional de ensayo y de fotografía, algunos descubrimos que la imagen publicada ha dejado de ser notario de la realidad, se acabó la neutralidad descriptiva de la foto, especialmente tras su transformación digital que la hace fácilmente manipulable. La evolución, lejos de reducir su valor, lo incrementa, porque dispara los significados de lo que nos quiere contar quien la difunde.
Viendo las múltiples interpretaciones que genera, la fotografía de la yihadista detenida no es verdad, pero es verosímil, uno de los mandamientos del nuevo orden visual.
Hasta las pesadillas en la cocina de Chicote tienen un guión detrás, están teatralizadas.

Sugerencias